Los 7 miedos infantiles más comunes y cómo ayudar a los niños a superarlos

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El miedo es una sensación desagradable de temor ante un peligro inminente real o imaginario. Con frecuencia se siente que es una situación ante la que se tiene poca capacidad de control y cuyas consecuencias negativas deben ser evitadas a toda costa.

Es una emoción de las más básicas, presente en todas las culturas y a pesar de la connotación negativa que se le atribuye, en realidad lo que subyace es el sentimiento de supervivencia. El miedo nos mantiene vivos ya que nos induce a evitar circunstancias en las que nos exponemos a sufrir daños físicos, emocionales o potencialmente mortales.

Los estímulos que generan miedo varían de una persona a otra y dependerán de sus experiencias y el entorno en el que se desenvuelvan.

Miedos infantiles

Los miedos infantiles forman parte del proceso de aprendizaje y desarrollo. Un niño que no teme, por ejemplo, a los insectos, a las alturas o al agua podría herirse seriamente o morir por exponerse a situaciones peligrosas. El miedo se aprende a través de tres mecanismos:

  • Por observación ya que los niños aprenden a temer a lo que sus padres y las personas de su entorno temen
  • Por condicionamiento clásico o por asociación de un estímulo con una consecuencia desagradable
  • Miedo cultural que son miedos comunes a todas las culturas que tienden a manifestarse bajo ciertas circunstancias.

A pesar de que el miedo forma parte esencial de la vida, los padres tienen el deber de ayudar a los niños a gestionar sus emociones y aprender a lidiar con ellas. De otro modo, podrían convertirse en fobias o interferir con el desarrollo de su autoestima.

A continuación, vamos a ver cuáles son los temores infantiles más comunes.

Miedo a la oscuridad

Es uno de los más frecuentes y suele aparecer cerca de los dos años. El niño puede tener problemas para dormir y sentirse incómodo estando solo en su habitación a la hora de dormir.

Además de explicar que la noche puede ser bella y que en la oscuridad se aprecian mejor las estrellas, una buena opción es colocar en la habitación del niño una luz quitamiedos.

En el mercado hay disponibles una gran variedad de modelos con características que se adaptarán a tus necesidades y a las de tu pequeño.

Miedo a las personas desconocidas

El niño se muestra manifiestamente incómodo frente a situaciones en las que debe interactuar con desconocidos o gente que apenas conoce.

Es un temor muy útil ya que podría proteger a tu hijo de relacionarse con extraños y aceptar irse con ellos.

Puedes ayudarle permaneciendo cerca cuando tenga que relacionarse con esos amigos o familiares que le resultan desconocidos. Si te ve actuando relajada en presencia de esos “extraños” comprenderá que forman parte de las personas en las que puede confiar como tú lo haces.

Miedo a los monstruos

Los niños pueden sentir miedo de las personas disfrazadas y de los programas de televisión en los que aparecen monstruos.

Una manera de ayudarle a lidiar con este temor es explicarle lo que es un disfraz y mostrarle que, debajo de la apariencia monstruosa, hay una persona como él a la que no hay que temer.

Si el miedo a los monstruos aparece a la hora de dormir, una buena solución es revisar con él debajo de la cama, en el armario y en esos lugares en los que pueden “esconderse” los monstruos. También podemos conversar un rato o leer un cuento. Otra buena opción es instalar una luz quitamiedos que le permita asegurarse de que no hay nada que temer.

Miedo a las tormentas

Suele aparecer entre los tres y los cuatro años. El sonido de los truenos, el viento y de la lluvia cayendo sobre el techo puede causar temor, especialmente a la hora de dormir.

Lo primero que se te ocurrirá es dejarle dormir contigo, pero lo mejor es acompañarle en su habitación, explicarle que las tormentas son fenómenos naturales normales y hasta beneficiosos para las cosechas y los animalitos del bosque. Esto puede ayudarle a lidiar con este miedo que gradualmente desaparecerá.

Miedo al agua

Algunos bebés rechazan la hora del baño y creando una atmósfera cálida y agradable es posible mitigar esta incomodidad, pero hay niños que temen meterse en el mar o en la piscina.

Entrar en el agua de manera gradual, dándole tiempo a habituarse a la temperatura, ponerle manguitos, cantar su canción favorita y mantenerle sujeto durante el proceso, le ayudará a vencer sus temores y a disfrutar de la experiencia.

Miedo a la separación

Es uno de los primeros miedos del bebé, el cual se altera cuando sus padres intentan dejarle con otra persona. Llanto, rabietas y mucha ansiedad caracterizan a este temor infantil.

Crear un ritual de despedida, mantener la calma, explicar al niño que volverás y cuándo lo harás en términos que él pueda comprender. Por ejemplo, a la hora de comer o antes de dormir. Esto les ayudará a lidiar con estas despedidas difíciles.

Lo que nunca debes hacer es “desaparecer”, irte sin avisarle o volverte porque llora cuando ya te has despedido.

Otros miedos

Dormir fuera de casa, miedo a los animales, a las sombras, a los insectos, a ir al médico o al dentista son otros temores comunes en los niños. Sus miedos cambian mientras crecen.

Lo importante es que seamos coherentes y pacientes, respetar el proceso que atraviesa el niño, reconocer que es válido sentir miedo. Nunca hagas bromas o intentes ridiculizarle respecto a lo que teme, tampoco le fuerces a enfrentar el origen de sus miedos de manera brusca y repentina.

Explicar, informar, hablarle de la experiencia antes de enfrentarse a ella, tener paciencia y mantener la calma es lo más apropiado para ayudarle a lidiar con sus peores

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