Todo sobre el miedo a la oscuridad en niños

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Nictofobia o escotofobia son los nombres del miedo a la oscuridad, a la noche y a las habitaciones o espacios oscuros. Al menos el 10% de la población adulta teme a la oscuridad.

La ansiedad y el miedo irracional son generados por una percepción distorsionada del cerebro de los riesgos que se corren cuando no se puede ver lo que nos rodea. En adultos se considera una fobia y en los niños forma parte de los miedos propios de los primeros años.

¿Qué es el miedo a la oscuridad?

El miedo a la oscuridad es el más frecuente de los temores infantiles y forma parte del desarrollo evolutivo. Suele aparecer sobre los tres años y prolongarse hasta los ocho. Está asociado al miedo a la soledad y a la ansiedad por separarse de los padres.

Algunos psicólogos consideran que, superada la adolescencia, el miedo a la oscuridad pasaría a considerarse una fobia. Un manejo adecuado del temor durante los primeros años de vida ayudaría a evitar que un simple miedo se transforme en un problema para la vida adulta.

Síntomas del miedo a la oscuridad

Algunos síntomas asociados al miedo a la oscuridad son:

  • Evitar situaciones y lugares oscuros
  • Sentir malestar sólo de pensar en enfrentarse al objeto del miedo
  • Llanto, angustia, ansiedad
  • Sudoración
  • Respiración agitada
  • Dolor de estómago o de cabeza
  • Pérdida del apetito
  • Náuseas
  • Pensamientos de muerte
  • Dificultad para conciliar el sueño

El miedo a la oscuridad no atendido puede volverse desadaptativo e interferir en el normal funcionamiento del niño afectando su autoestima, la rutina familiar, su desempeño escolar y las relaciones con otros niños.

Causas del miedo a la oscuridad

A pesar de que se considera un miedo normal y que forma parte del desarrollo del niño, ciertas situaciones pueden originar el miedo a la oscuridad

  • Experiencias traumáticas asociadas a la oscuridad como castigos aplicados en habitaciones oscuras, algún accidente ocurrido durante la noche, el ser víctimas de abuso, de violencia doméstica o de alguna broma deliberada para asustarlo.
  • Los padres o cuidadores ansiosos o sobreprotectores pueden inducir en el niño sentimientos de minusvalía o de indefensión ante la ausencia de los padres, lo que les lleva a evitar permanecer solos en su habitación
  • Historias de fantasmas o hechos sobrenaturales para los que los niños no están preparados
  • Niños expuestos a programas de televisión con contenido violento o de terror
  • Algunos cuentos infantiles en los que se destacan los monstruos, brujas y apariciones
  • Mudarse de casa puede detonar el miedo a la oscuridad

Tratamiento

El miedo a la oscuridad puede afectar la vida diaria del niño y su salud, por esto es importante no restar importancia al problema y ayudarle a superar su temor. Las terapias especializadas suelen ser de tres tipos:

  • Exposición: en la que se expone de manera controlada y repetida al niño a la causa de su temor hasta que deja de sentir ansiedad e incomodidad ante el mismo.
  • Terapia cognitiva: en la que se le ayuda a identificar los pensamientos negativos que asocia a la oscuridad y reemplazarlos por ideas positivas.
  • Relajación: se enseña al niño a respirar profundamente y a manejar los síntomas físicos relacionados con el miedo a la oscuridad

¿Qué pueden hacer los padres?

  • Conversa con tu hijo sin desestimar su miedo. Decirle que no pasa nada y que todo está bien no le servirá de mucho. Al contrario, le hará sentirse incomprendido. Dile que entiendes que el no poder ver en la oscuridad le asuste y que su imaginación le juegue malas pasadas. Ofrécele la posibilidad de contar con una fuente de luz que pueda encender cuando esté asustado como una luz quitamiedos.
  • Evita actividades muy enérgicas cerca de la hora de dormir y el uso de videojuegos o de la televisión. Lo ideal es que realice actividades más tranquilas que le ayuden a estar más relajado antes de ir a la cama.
  • Escoge bien los cuentos infantiles, especialmente antes de dormir, y evita los que incluyan personajes como brujas, duendes, monstruos, que puedan recordarle a tu hijo sus mayores temores.
  • Jugar en la oscuridad, proyectar sombras con los dedos, jugar a la gallinita ciega o al escondite puede hacerle ver la falta de luz desde una perspectiva divertida y ayudarle a sentirse más tranquilo cuando deba enfrentarse a ella.
  • A la hora de cenar restringe las bebidas azucaradas, los postres o snacks muy salados que pueden resultar estimulantes.
  • Si los interruptores no son accesibles para tu hijo por su estatura, instala una lámpara de mesa que pueda encender cuando lo necesite.
  • Ofrécele un compañero de cama, un muñeco a quien pueda abrazar y cuidar.
  • Establece un ritual a la hora de dormir que ayude al niño a estar menos ansioso y así le resulte más fácil conciliar el sueño.
  • Deja una luz encendida en algún pasillo para que la casa no esté completamente a oscuras durante la noche.

Si el miedo a la oscuridad se prolonga en el tiempo y no mejora tomando estas medidas, es conveniente consultar al pediatra o al psicólogo quien podrá establecer el tratamiento adecuado para ayudar al niño a superar su miedo y evitar que se convierta en una fobia.

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